martes, 15 de octubre de 2013
Cuatro décadas y media han pasado desde que Kubrick abriera bocas y despertara los sentidos de los cinéfilos más vanguardistas y susceptibles con su Odisea. Un despertar que resultó más satisfactorio en última instancia y tras más de un digerimiento.
Alfonso Cuarón se atreve con una nueva odisea, una más feroz y menos filosófica, más inmediata y menos trascendental, más comprensible si se abren bien los ojos y no tanto las bocas.
Si en 2001 el espacio emerge como un ser hermoso e imparcial, en Gravity respira adquiriendo vida propia y tomando partido de una manera inexcrutable. Si antes era apacible e inalterable ahora torna en peligroso.
Kubrick mostró en su "2001 una odisea en el espacio" una manera de entender el universo y la vida como un todo único y armonioso, como un ciclo inevitable en el que la providencia no deja lugar a la incertidumbre. Por contra Cuarón aunque a priori parece más despiadado, posibilita el don de la oportunidad al humano, le deja un resquicio, una última tabla de salvación que dependerá únicamente de sus facultades y habilidades tomar o no.
Gravity es un espectáculo hermoso y cruel en la misma medida, le ofrece la posibilidad al humano de estar lo más cerca del cielo físico que ha estado nunca, y nos recuerda que hay un lugar ahí arriba llamado universo que nos observa, alejado de guerras, corrupciones y envidias en la que la única ley que impera es la de su belleza, que la tierra es nuestra, que allá nosotros pero que allí manda él.
Su factura es un regalo inmenso para la vista, las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías elevan el virtuosismo de una dirección soberbia que sabe lo que se trae entre manos. Las interpretaciones no desmerecen, carga un poco el doblaje de Bullock así que al ser posible intenten verla en versión original. Y sí, esta vez pónganse esas malditas gafas por que merece la pena de cojones.
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martes, 12 de febrero de 2013
Las expectativas son máximas a la hora de entrar en una sala para ver algo que Steven Spielberg llevaba barruntando media vida.
Cuando llevas algo tan dentro y durante tanto tiempo, y cuando tienes lo que tienes que tener para sacarlo, lo más probable es que se plasme en algo grande. Lincoln lo es, pero no lo es de la manera que uno esperaba que lo fuera, lo es desde la pequeñez, desde la perspectiva hipercercana a alguien que trascendió de una manera superlativa.
No le tiembla el pulso a Spielberg ante tamaña osadía, a decir verdad no esperaba que le ocurriera. Pero si reconozco que temía el enfoque edulcorado, fácil y tontorrón de " War horse" (2011) para con Lincoln, pues bien ni mucho menos. Uno espera a un John Williams cargante hasta el extremo, primeros planos imposibles, discursos megalómanos, miradas perdidas melancólicas o testosterona inteligente a rabiar, y lo que se encuentra es una obra de artesanía fisiológica y política magna.
Un verdadero seminario sobre los avatares por los que tuvo que transitarla superdotada y serena mente, del decimosexto presidente de los Estados Unidos de América. Y de como esa mente fatigada y perseguida por las oscuras sombras del pasado, o por los pasos constantes de la soledad que inevitablemente provocaba su brillantez, tuvo la capacidad de sobreponerse y de mirar de frente a un presente que se esforzaba por darle la espalda, para iluminar un futuro para el que estaba hecho a medida.
Todo es virtuoso en Lincoln, nada sobra y nada falta. El reparto es brillante, Tommy lee Jones destaca, pero Spader y Sally Field no desmerecen. De Day-Lewis poco queda por decir, juzguen por si mismos. El Guión de Tony Kushner trabajadísimo, y me da en la nariz que no le ha debido resultar sencillo.
Tampoco lo es para nosotros su visionado, es una película que solo es disfrutable al 100%, si has tenido la paciencia o el tiempo necesario para dedicarle alguna hora al estudio de la situación social y política de la América de 1865.
Una gran epopeya americana que nos devuelve al mejor Spielberg, un acercamiento necesario a un ser brillante e inolvidable, a un político de los que ya no quedan.
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sábado, 5 de enero de 2013
Con gran respeto y prudencia, se acerca un servidor a su cita con los mundos descritos por J.R.R. Tolkien, hace poco más de 75 años.
Digo respeto por que no voy a ser yo quien se ponga a juzgar, alabar o defenestrar a un autor clave para comprender la literatura fantástica de mediados del siglo XX. Lo primero por desconocimiento, me he leído retazos de sus libros, no por que en ellos encontrara falta de calidad diversión o enganche, simplemente por que nunca he sabido encontrar el momento.
Lo que si que puedo afirmar con seguridad meridiana, es que es muy probable que si sus libros no hubieran sido leídos, por personas del tipo de George Lucas, Steven Spielberg y demás compañeros de fatigas, los caminos presentes y futuros del cine fantástico y de aventuras, serían otros. Mejores o peores no lo se, otros seguro.
Digo prudencia por que después de los nueves años que distan ya del estreno de "El retorno del rey", aún conservo en mi interior la sensación de fatiga y de cansancio con la que acabé su visionado. Reconociendo su valía, perfección y escrupulosa factura técnica, no puedo evitar sentirme saciado de Orcos, enanos, elfos, magos y demás familia de la Tierra Media al recordarla.
Si "El Hobbit" me parece un acierto maravilloso, no lo es ya por su poderío visual que también. Lo es por su inesperadamente novedosa mudanza conceptual. Su propósito de despojarle del exceso de manicura sentimental, de añadirle el grado justo de inocencia infantil y jovial necesaria, para convertirte inevitablemente en un habitante más de ese mundo mágico y peligroso, resulta realmente gratificante.
Dudo bastante que Guillermo del Toro consiguiera esos grados de desdramatización desenfadada y valiente. Ese nivel solo puede ser alcanzado por alguien que se ha dejado la sangre en ello anteriormente, y al que no le importe una mierda perder una batalla, por que se sabe ganador de la guerra. Ese alguien se llama Peter Jackson y la magia está de su lado. Disfruten.
Hasta otra.
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viernes, 2 de noviembre de 2012
Sensación tan extraña y agradable como incomoda, la de encontrarte con una sala petada, para ver una peli facturada por un director español.
Justo antes de que empezaran los queridos tráiler, una horda de jovencitos adolescentes, ocuparon la fila anterior, lo que repercutió en mi mente normalmente relajada de forma inmediata. Me hizo prometerme, una vez más, que es contraproducente ir a la sesión de las diez, que esas no son horas de cine.
Y por otro lado empecé a divagar con qué es lo que habrán hecho tan bien Bayona y Cía., para conseguir que una peli, que nos habla de un país tan lejano en distancia, como culturalmente, consiga ese poder de convocatoria, en edades tan dispares. No veo la tele, y no se en que grado la han promocionado, pero hace ya 7 años del terrible suceso, y más o menos el 30% de la sala no tendría más de 7 u 8 años en las navidades del 2004.
Tampoco Ewan McGregor sale en Corazón Corazón todas las semanas. Y sospecho que en Asturias esa extraña promoción de descuento, que te obliga a acudir al cine, durante los primeros 3 días de la semana, no habrá tenido tanto éxito.
Se le reconoce a Bayona su capacidad narrativa, el talento visual es incuestionable, sabe como manejar un guión. Ya me había gustado " El orfanato", y su nuevo trabajo no decepciona. McGregor está bien, Naomi watts mejor todavía. Aunque termine por asociarla, con pesimismo y con todo tipo de desgracias, sigue despertando en uno, una sensación de afán de protección, al nivel de " 21 Gramos ". Sigue deseando uno que le dejen de ocurrir cosas malas.
Pero en "Lo imposible", casi todo es predecible, pronto aparece la sensación de que estás siendo utilizado. La pretensión de conmover, se hace redundante. Y se le echa en falta, algún tipo de arista antagónica. Sus personajes son demasiado normales en el mal sentido. Mucho primer plano con mirada tierna, muchos abrazos ñoños. La sensación de marketing de ONG, le resta algo de credibilidad al proyecto.
La película tiene corazón, y un alto grado de capacidad empática. Para nada me parece mala. La tragedia está rodada con genio, Bayona tiene capacidades suficientes para esto.
Sospecho que no le irá mal. Ahora solo falta que me lo crea.
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jueves, 25 de octubre de 2012
Resulta difícil en tiempos oscuros encontrar luces reconfortantes. Las certidumbres instaladas en nuestra memoria, se tienden a hacer fuertes cuando la necesidad de emoción o empatía es alta.
Yo confieso que por Tim Burton siento bastante. Su grado de credibilidad y honestidad, sus formas, su trazo, la huella que ha llegado a dejar en el alma, de muchos de mis compañeros de generación es intensa. Brillará como una estrella inagotable en el firmamento cinéfilo. Nuestro agradecimiento por " Eduardo manostijeras " " Big fish " o " Ed Wood " perpetuo.
Pero no debemos permitir que los árboles, no nos dejen ver el bosque jamás, por más que estos lleven savia de Burton dentro. Si una peli es un truño lo es, y "Frankenweenie" lo es y de cojones. Por más que el director se esfuerce en levantarla, la peli está muerta desde el principio. Sus tópicos personajes incomprendidos, carecen de alma alguna, no sientes ningún tipo de cariño por ellos, no te da ni tiempo.
Si es cierto que Burton tira de repertorio en cuanto a reconstrucción de atmósferas. Es innegable su mano en el trazo tenebrista, y vuelve a conseguir que no puedas apartar la vista, de sus hermosos paisajes góticos. El problema es que aquí forman un mundo aparte, un cuerpo extraño. Una burbuja llena de vida en un mundo vacío.
Pasan los minutos, y no ocurre nada, no hay vida, ni ternura. Solo Elfman se mantiene a flote. Esperas con impaciencia que la magia emerja, pero no llega. Uno acaba con la sensación de que " Frankenweenie " no es más que un antojo tonto, un vehículo aparatoso y sin ruedas, que mi admirado Burton nos vende a precio injusto, con el único fin de conseguir reservas suficientes, para pagar sus deudas cinéfilas. Como si de un científico loco se tratara, intentando resucitar a sus mitos.
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viernes, 12 de octubre de 2012
En mi camino hacia al cine, no dejo de recordar "The Artist", obra inmensa del siglo XXI y del cine mudo, y empiezo a elucubrar, sobre si mis sensaciones al terminar "Blancanieves", serán parecidas. Sobre si al final voy a tener que controlar mis impulsos, para no levantarme y aplaudir,y si también volveré a conseguirlo.
Si hace poco escribí en este blog, sobre mis capacidades para abstraerme del mundo, y visionar sin prejuicios, al final once meses de diferencia han sido demasiado, o más bien demasiado pocos, y esta vez perdí mi batalla. Debo hacer notar esto, por que por momentos "Blancanieves" nos sonará a redundancia, y eso es injusto.
Se percibe un trabajo titánico, una capacidad transgresora admirable, y una valentía fuera de lo normal. A pesar de versar sobre un tema tremendamente impopular, Berger sale airoso a base de sensibilidad e inteligencia.
Con una dirección de actores notable, si Maribel Verdú continua en su línea y la niña Sofía Oria embelesa, Macarena García enamora.
Pero el principal mérito es musical, poder controlar al milímetro, la consecución de la versatilidad en los tempos, para no sonar estridente, cargante, o falto de chispa, se antoja imprescindible en un film de este estilo, y aquí el objetivo se cumple con nota.
Si Hazanavicius homenajeaba a los pioneros, Fairbanks, Chaplin, Keaton y demás familia, Berger da un pasito adelante en el tiempo, y lo hace con los Lang, Herzog y los primeros transgresores de la Hammer, caminando en el puro estilo Burtonesco.
La diferencia principal entre una y otra, está en la trascendencia de sus mensajes. Si en "The Artist" todo se nos antoja real, su tortuoso camino de los felices 20 a la depresión posterior, puede llegar a tocarnos la fibra, con "Blancanieves" no se perciben mensajes claros. Hay mucha sátira social, mucho humor negro y nada que no sepamos.
Esta vez no hubo entusiasmo, tampoco necesidad de controlar los impulsos. Quedó el puro agradecimiento por el talento, y por sus valientes sacrificios.
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lunes, 8 de octubre de 2012

Visualmente enérgica, narcótica y arrebatadora, con un guión un tanto enrevesado y poco profundo. Como pasando de puntillas, sobre un tema tan trascendente, como es el tortuoso camino, que va del “Yes we can”, al “Deja de venderme motos”, nos lleva Dominik con sus refinadas formas, a través de su segundo film importante.
El principal problema es que ese innegable talento suyo, para saber aguantar primeros planos hasta el momento justo, antes de que llegue a cargar, para engancharte con diálogos tan interminables como perspicaces y embelesadores, se nos muestran en "Mátalos suavemente" al servicio de la pura auto propaganda.
No deja de resultarme chocante el evidente contraste entre los riesgos del director australiano, por otra parte admirables, y el tono liviano y superficial con el que adereza la mayor parte del film.
Las interpretaciones son oro puro. Brad Pitt vuelve a desplegar magnetismo, Gandolfini tira de repertorio propio, y consigue momentos tan delirantes como deslumbrantes.
La habilidad para gestionar con mano maestra, las situaciones de tensión, continúan siendo modélicas. Pero su previsibilidad, y esa sensación de esto ya lo he visto varias veces, acaban por aplomar un proyecto, que por otra parte, no debería verse de otra forma, que no sea la de un joven director, que busca irremediablemente encontrar su golpe. Hallar el camino, hacerse un hueco en el olimpo de los Scorsesses, Tarantinos, y Finchers, por encima de guiones, actores, productores y demás mecanismos de la industria. La dificultad es inmensa, la determinación también.
Si con la notable " El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford" (2007), Dominik proclamó a los vientos que estaba aquí, con " Mátalos suavemente" su chillido es: quiero quedarme. Si su anhelo se convertirá o no en realidad, dependerá de él, sus elecciones y por supuesto el de los guiones, actores, productores y demás mecanismos de la industria.
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sábado, 4 de agosto de 2012
A pesar de reconocerme, como un ser con una moderada facilidad para sumergirme en la nostalgia, no dejo de reconocer el daño que esta puede ocasionar en las percepciones personales y a la hora de afrontar nuevas experiencias. Por eso, cuando entro en una sala de cine, procuro liberar mi mente tanto de viejas ataduras, como de nocivas predisposiciones, algo que cada vez consigo, por fortuna, con más frecuencia.
Considero un error fatal, encarar el visionado de cintas con 33 años de diferencia, con las mismas perspectivas, por mucho que su director sea el mismo, y el Modus Operandi esté irremediablemente influido. Sencillamente por que tú no eres el mismo.
Si dos años es una eternidad, treinta y tres son dieciséis eternidades y media, y en tantas eternidades cambian los objetivos, mentalidades, se descubren manuscritos, e incluso se inventan vacunas a enfermedades antaño devastadoras.
Lo que no cambia en "Prometheus", es la habilidad de Scott para crear ambientes tensos, ni su talento para la acción e imaginería visual. También su capacidad para construir películas, tan enérgicas como elegantes, sin llegar a caer en el exceso apabullante, resulta meritorio.
La facilidad con la que este señor, de casi 75 años, sigue pariendo escenas capaces de abordar sin escrúpulos, el imaginario cinéfilo popular, es cuanto menos pasmosa. También su a menudo acierto en la elección del reparto, le da un plus en cuanto a sostenibilidad de proyectos, Michael Fassbender lo hace aquí por si solo.
Si hay un pero es el guión, la falta de respuestas se sucede durante todo el film. Pero puede que Scott se guarde algún as en la manga. Allá por el 2015 si aún podemos lo sabremos.
Hasta otra.
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viernes, 24 de febrero de 2012
El jugar con las cartas marcadas no siempre te da la victoria, aunque parezca mentira. Me explico. Es un hecho irrefutable que el personaje que pinta el viejo maestro, es capital en la historia americana del siglo XX. Desde esos inquietantes años 20, hasta los misteriosos e inaccesibles 60.
Todo lo que han visto esos ojos o urdido esa sobrevalorada mente, se antojan como el telón de fondo, lo suficientemente rico en matices, como para crear toda una epopeya única, a base de historia pura y excitante. Pero de lo que no parece percatarse Eastwood, es de la inutilidad de explicarnos 50 años claves, para entender estos tiempos , a traves de los ojos de un personaje, tan mediocre y simple como Hoover.
No es culpa de Dicaprio que vuelve a maravillar, y a quien te crees del todo, tampoco de las viejas artes en la dirección, ese color tan personal, la cadencia y el sentido del tempo, esta vez algo más nervioso de lo habitual, son plenamente reconocibles. Es cuestión de elección, sales con la sensación de que ese personaje no da para 135 minutos de peli, si acaso para un documental y de menos de 60.
Resulta chocante que un señor con esa habilidad y experiencia, no lo haya sabido ver antes, o que se haya dejado convencer por ese siniestro personaje.
Todos y cada uno de los secundarios, se empequeñecen lamentablemente, ante la mirada del espectador. Las caracterizaciones son grotescas, me vinieron a la mente esos guiñoles tan de moda en estos días, e incluso se me escapó una sonrisa.
La banda sonora no contribuye, ni ensalza ni conmueve en los momentos dramáticos. Y por supuesto, lo antipático del personaje lo embarra todo tanto, que los pasos de Eastwod se hacen cada vez más torpes, a lo largo del metraje.
No se advierten signos de recuperación a corto plazo. Eastwood dirigirá a Beyoncé en " Ha nacido una estrella", durante este año, pero que coño, no estamos
tan lejos de su última obra maestra. Fue hace 4 años y no se titulaba " Gran Torino".
Hasta otra
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martes, 17 de enero de 2012
En alguna ocasión he escrito en este blog que el utilizar el término "Independiente" para clasificar según que proyectos, me parece mucho más interesado que real y más tratándose de cine.
Se que hay muchos amantes de ese término, y que algunos de ellos no estarán de acuerdo conmigo. Pero es que soy incapaz de ponerle etiqueta al talento.
Shyamalan dispuso del dinero, y de todos los medios que se le antojaron, para crear el truño de "The Last Airbender", y en cambio hizo escuela, como renovador del cine norteamericano, a finales de los 90 sin apenas recursos, a base de gestos, miradas, diálogos sencillos y giros inesperados.
Puede no ser la comparación más acertada, pero en Drive advierto ese talento para hacer cine, el basado en sutilezas a priori mundanas,
en miradas de deseo o de complicidad, en intuir lo que va a ocurrir y acertar, pero que no te importe una mierda, por que sabes que lo que estás viendo es único y precioso.
Otro homenaje al cine inapelable, lo que Hazanavicius y su "The Artist", hicieron con los pioneros, y posteriormente damnificados primeros creadores, Winding Refn lo hace con los renovadores del thriller, cine negro, e incluso del terror, de seis décadas después.
Y es que drive es magistral. Bebe de todas las fuentes posibles. Tanto "Heat" como "Collateral" están presentes, y hasta apostaría que el talentoso Goslin, se apoyó en el "Cobra" de Stallone, para dar vida a un personaje, que se quedará grabado desde ya a fuego en mi memoria.
Tarantino y Carpenter también reciben su pequeño regalo. Esa violencia cruda y realista tan propio de su cine, y tan de nuestros tiempos, apoyada en esa banda sonora entre hipnótica y críptica tan de otros, le dan un aroma diferente, a esta enigmática y nueva joya del siglo XXI.
Probablemente no cuente en las principales quinielas de los Oscar. Como tampoco lo hizo en los globos de oro, pero Nicolas Winding refn puede dormir tranquilo, su árbol crece despacio pero constante.
Hasta otra.
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viernes, 6 de enero de 2012
Se equivocan los que etiquetan. Esto no es solo cine mudo, ni un homenaje a este. Es cine mudo pero grita más alto que cualquier otro, pidiendo desde ya un lugar privilegiado en la historia de los clásicos eternos. Su sencillez es desarmarte, uno no puede apartar los ojos de la pantalla de ninguna de las maneras.
No creo que Hazanavicius pensara únicamente en Valentino, Gilbert o Fairbanks al escribir esta maravilla.
La tan manida fórmula del cine dentro del cine, alcanza en "The artist", sus más altas cotas de belleza y emoción.
La decadencia de Norma desmond, la toma de conciencia de Charles Foster Kane, la alegría de Gene Kelly o Ginger Rogers o el obstinamiento y la vitalidad de Ed Wood,
están tan presentes aquí, como cualquiera de las primeras obras maestras del cine mudo. Piensa en un clásico y aquí la veréis.
Su banda sonora es sublime. Se funde con la imagen de una forma tan perfecta, que no echas de menos el diálogo en momento alguno.
Nada en la carrera de Michel Hazanavicius podía hacer presagiar semejante creación. Su dominio es total. La interpretación de Jean Dujardin es antológica, y Bérènice Bejo llena la pantalla, con esa frescura y descaro innato, del que sabe que no tiene nada que perder pero que piensa aprovechar el regalo inesperado. Hasta los secundarios John Goodman, y en mayor medida Cromwell lo rompen, por no hablar del simpático y adorable personajillo de cuatro patas, con el que el director nos da algo de tregua, para sacarnos unas sonrisas sinceras e infantiles. Se escuchan voces que proclaman que son años difíciles para el cine. Estos hacen bandera de la escasez de ideas. En cambio otros manifiestan un optimismo a prueba de bombas.
Tras salir de ver "The artist", la balanza se inclina claramente hacia los segundos. Después de todo Eastwood aún respira, Spielberg sobrevive, Malick despierta y Hazanavicius se revela.
Malos tiempos para agoreros.
Un saludo.
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viernes, 2 de diciembre de 2011
Bien, pues se acabo el FICX, y como todos los años, me reprocho el no haber ido a ver más pelis, valga la redundancia. El sucumbir a alguna tarde de fútbol dominguero, y no haberme levantado del sofá para subirme en algún transporte, que me llevara hacia la bendita tierra gijonesa, fue demasiado lastre para ello. Tengo coche, pero mi terrible sentido de la orientación siempre acude a mi mente, a la hora de valorar las distintas posibilidades.
No me he dedicado a navegar por foros para saciar mi curiosidad, a la hora de poder vislumbrar, a modo general, lo que había podido satisfacer esta 49 edición a los presentes, críticos y simpatizantes. Lo más cerca que he estado de ello, ha sido a través de las palabras de algún amigo que se pasó a disfrutar de mas de una veintena, y que según sus palabras solo había disfrutado realmente con tres.
Pero no seré yo quien me queje. Toda la mala suerte que me acompaña en mis infinitas apuestas perdidas, se esfuma de un plumazo a la hora de elegir cine. Y que siga.
Empezé con "Submarine" (2010), el genial, simpático y mordaz debut de Richard Aoyade para la gran pantalla. Un verdadero ejercicio de simplicidad, de homenaje a los diálogos bien hilvanados, un canto a la adolescencia en todo su esplendor, con sus luces y con sus traumas. Sin complejo alguno y con una vitalidad en la dirección envidiable y como no con el inquieto Alex Turner en estado de gracia, sazonando a la perfección con sus canciones, este bonito divertimento.
El sábado le tocó a Take Shelter (2011), que si no me equivoco recibió a la postre el premio de la mención especial de algún jurado. Buena película al más puro estilo Shyamaliano, desasosegante, cruda, combina a la perfección la tan manida mezcla de esquizofrenia, terror y ciencia ficción. Sin el romanticismo y la épica discursiva del indoamericano, tal vez sea su realismo , el que torne en convincente la labor de jeff nichols en la dirección. Michael Shannon lo rompe en el papel de Curtis Laforche. A este hombre le descubrió el mundo en "Revolutionary Road", y solo un Heath Ledger majestuoso como joker, pudo arrebatarle el Oscar al mejor secundario.
De "Un amour de jeneusse" no tenía referencias, al parecer su directora Mia Hansen-love, ya se había pasado por el festival en el 2007 presentando "Todo está perdonado", que se llevó el premio a la mejor actriz ese año. A mi esta me pareció un truño. No pinta nada mal al principio, la historia de amor adolescente tiene su punto, pero mas o menos hacia la mitad ya ha perdido todo interés. No será por el esfuerzo de sus actores que sí están a la altura, en especial Lola Cretón, su candidez, hermosura y por momentos sentido de la frialdad logra turbar al más exigente de los espectadores. Es su dirección, sosa, blanda y sin ningún sentido de la emoción lo que acaba por lastrar definitivamente el proyecto. Recibió aplausos en su pase, no serían los míos.
Ir a ver "The stoker" fue una decisión de última hora. De su director, de sus peculiares "problemas" con el alcohol, y de su talento supe por los comentarios de un amigo, que está bastante más puesto que yo en esto del cine. Lo segundo lo pude corroborar yo mismo al poco de empezar su peli. Reconozco no haber visto nada del trabajo anterior de Aleksey Balabanov, pero juro que salí de la sala barruntando, la idea de que tanto guy ritchie, como el mismísimo Tarantino, le deben mucho a este singular director ruso, (o no tan singular, ya me entendéis). Prometo hacerme el favor de seguir con más interés su filmografía.
Me quedé con ganas de ver "La guerre est declarée" y "Attack the block", pero no me quejo, y la edición del año que viene seguro que promete, por lo significativo de su fecha. Espero que los 4 o 5 garrulos que nos gobiernan, no la acaben jodiendo como están haciéndolo con todo, en lo que pretenden meter baza. Que el FICX no se convierta en el FACX por favor...
Un abrazo.
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jueves, 17 de noviembre de 2011
LAS AVENTURAS DE TINTIN (El secreto del unicornio)(Steven Spielberg, 2011)
2 comentarios Publicado por VilaCon una sonrisa de oreja a oreja, y con un brillo singular en la mirada, se encamina uno hacia el vehículo que le transportará al mundo que "no" habitan Tintín, Milú y el borrachín simpático de Haddock.
Después de pasarnos unos 110 minutos volando por encima de todo tipo de escenarios, pegarnos con una generosa cantidad de malhechores, y navegando en botes salvavidas hacia desiertos asesinos, una sensación de admiración y sorpresa se apodera de servidor, cuando cae en la cuenta de que es un señor a punto de cumplir los 65 años, quien a pesar de haberlo hecho todo en su profesión, de convertirse en símbolo y líder de una antigua generación de jóvenes directores, alumbre este magistral, excitante y diferente proyecto.
Una pieza elaborada con un innegable cariño, y sentido de la fidelidad. Algunos de sus planos se guardaran a perpetuidad en la memoria cinéfila, aunque tal vez deberían exponerse en el Louvre. Con un sentido del ritmo prodigioso, tal vez sea la sobriedad de los diálogos, en contra punto con la espectacularidad de sus escenas, la que le otorgue ese grado de fascinación único en su especie.
Puede ser que la ausencia de aristas, y el carácter ambiguo de su protagonista, arrastre consigo una falta de pasión y compromiso en el tratamiento del personaje. Pero hasta para eso surge Haddock como antídoto, que emerge sin tregua para conseguir elevarse por encima del joven aventurero.
Andy Serkis se vuelve a salir, otro trabajo monumental el de este señor, que ya empieza a pedir a gritos, un lugar privilegiado en la historia del cine. El objetivo está en recuperar a Tintín, en dotarle de magnetismo y grandeza. Por ahí puede profundizar Peter Jackson, que dirigirá las secuelas. Ese será su reto.
Sí, damas y caballeros así lo pintó Hergé, así lo reveló Spielberg.
Hasta otra.
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miércoles, 2 de noviembre de 2011
Me resulta interesante a la par que lógico y curioso, el como las circunstancias, tanto económicas como sociales del tiempo presente, pueden afectar y moldear, no solo la elección de los proyectos, sino también la manera de afrontarlos, de un director para el que las formas refinadas y contemporáneas, no están nada reñidas con los saltos mortales sin red, ya habituales en su interesante filmografía.
Su polivalencia es absoluta. Pero no se advierte un interés puramente comercial en sus empresas, aunque entiendo que ese refinado estilo, y sus maneras en ocasiones tan de videoclip, nos pueden llevar a engaño.
Si en Traffic (2000) se perciben unos ecos de lo que estaba por llegar con The Wire, la trilogía de Ocean’s acaba por tornarse en el paradigma cinematográfico perfecto de principios del siglo XXI, donde la superficialidad, apariencia y el exceso son el denominador común de una época de bonanza económica, que con el tiempo se antojaría caduca e irreal.
Nada hay de opulento ni excesivo en Contagio, pese a lo que su excelso reparto, repleto de varias de las estrellas del momento, nos sugiere.
La sobriedad en la dirección de Soderbergh y la ausencia de pirotecnias, miradas perdidas y demás familia propias de estos géneros, se antoja decisiva a la hora de otorgarle el empaque y la seriedad necesaria a este certero film.
La maestría en el tratamiento de la incertidumbre, muy propia de estos tiempos, derivada de la propagación de un virus alarmantemente peligroso, y la dosis de gravedad precisa en cada uno de los actores, consiguen proporcionarle una credibilidad merecida.
Y como no, sin olvidarse de esa combinación maestra de música y movimiento, con fotografía modélica y desasosegante, que tan buenos réditos le acarrean al director norteamericano, y por las que merece la pena sentarse delante de una pantalla.
Un saludo.
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viernes, 14 de octubre de 2011
Los hermanos Marwan escuchan entre impacientes y compungidos el testamento de su recién fallecida madre. Reciben dos noticias sorprendentes; su padre está vivo, como también un hermano del que desconocían su existencia. Ahora será su tarea encontrarlos y entregarles un mensaje para que el cuerpo de su madre pueda descansar en paz.
Gran trabajo del canadiense Denis Villeneuve. Todo a base de continuos flash-backs, pero ninguno sobra, todos son necesarios para entender los porqués del enmudecimiento de un corazón, y la mirada perdida de unos ojos, que han visto demasiado de cerca el horror.
Un viaje irremisiblemente doloroso que por momentos me recuerda a "El jardinero fiel", a su clima sobrio, árido y de densidad brutal que consigue Meirelles.
A algunas huellas desvanecidas por la crueldad de un conflicto bélico y sus consecuencias, y a los esfuerzos de dos personas por alcanzar las respuestas, que les acerquen a la comprensión final, hay que unirle la lógica conclusión de que nada es lo que parece en una guerra, como nada es lo que parece en una vida, por muy cerca que nos creamos estar de conocerla.
La metáfora póstuma sobrecoge, aunque es precisamente en el final, donde todo se nos presenta precipitado, y acabemos con la sensación de que el director pone coto privado a los sentimientos.
Soberbia película, bien contada y hasta con Radiohead de fondo. Aquí los lamentos de Thom Yorke no andan muy lejos de la voz oprimida y ansiosa por gritar de Nawal Marwan.
Hasta otra.
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jueves, 22 de septiembre de 2011
El otro día me vi Cowboys & Aliens (lo mío sí que son huevos y no lo de José Tomás). Lo digo porque ya intuía yo que me iba a parecer un bodrio soporífero aceptable solamente si la consumes acompañada de porros y cerveza (por desgracia no fue mi caso).
La idea de mezclar dos géneros como el oeste y los aliens es cuando menos exótica y si se hace de forma cuidada puede llegar a dar un fruto interesante. Necesitaríamos para ello un gran montaje, un guión potente y un personaje o dos de esos que calan en el público, como en su día logro el Capitán Jack Sparrow, por ejemplo.
¿Cuántos ingredientes de esos tiene Cowboys & Aliens?, los podemos contar con los dedos de un muñón.
Daniel Craig no me convence a pesar de ser un actor que suele dar la talla. Harrison Ford participó porque Spielberg estaba en el proyecto. Y en cuanto a Olivia Wilde… si le arrancan sus preciosos ojos y los ponen en pantalla el resultado es el mismo porque ni su personaje ni su interpretación merecen más que este cruel comentario.
El guión está cargado de clichés tanto del western como del cine de marcianitos: cacique del pueblo, niño mimado, malo misterioso, abducciones, niño…
Lo de los aliens es de traca, yo entiendo que es difícil que una panda de indios y vaqueros armados con lanzas y un revolver venzan a unos seres que han dado con la tecnología para viajar por el espacio pero coño…
Lo único positivo, que el director no es Michael Bay, en sus manos esta película habría provocado revueltas sangrientas en el mundo del celuloide.
En fin, el principal culpable de esta crítica: un servidor por verse este aborto de película aún a sabiendas de lo que iba a pasar.
Os acompaño en el sentimiento a los que habéis pagado por verla.
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miércoles, 21 de septiembre de 2011
Escucho: no la entendí.
A ese comentario responden: si no la entendiste mal director.
Al rato afirmo: es una película inmensamente compleja.
Me reprueban y me contestan: no es compleja, es pretenciosa y eso me da vergüenza ajena por infantil y ridículo, las cosas importantes se han de contar de forma sencilla.
Más tarde defiendo mi punto de vista: simplemente es que es un cine pionero al que no estamos acostumbrados y para nada lo percibo como pretencioso, más bien como generoso.
No me contestan más, al menos de momento.
Un trabajo monumental, prodigioso e inabarcable, se perciben horas de trabajo en cada plano. Un regalo imperecedero para el alma.
La descripción de esa parte hermosa y terrorífica de la vida, a la que llamamos infancia es tan precisa que duele. No es pretenciosa por que no juzga, sólo sugiere, y lo hace desde el primer plano.
Hay dos caminos que puedes seguir en la vida, el de la naturaleza o el de lo divino, la eterna colisión entre los caminos es la fuente de nuestras dudas y temores, la película gira en torno a esas dudas constantemente.
La naturaleza representada por un Brad Pitt en estado de gracia, se torna tan cruel y ambiciosa como hermosa y peligrosa. Lo divino encarnado por la indescifrable Jessica Chastain, es la bondad y espiritualidad, la comprensión y la tolerancia.
Dos caminos simbiontes que se nos antojan vivos, reales y sangrantes. De esa simbiosidad nace el horror y la belleza, el amor y la decepción, el todo, la vida.
El árbol y sus raíces condicionarán para siempre el devenir de sus frutos (los hijos). Es aquí donde nos vemos representados, donde Malick consigue transformar la espiritualidad en carnalidad, donde el genio emerge al fin para firmar una obra grandiosa e irrepetible.
Paralelamente a este conflicto terreno-espiritual, el director nos describe la creación del mundo y el nacimiento de la vida, pero nada resulta aquí gratuito ni superficial, todo se antoja poético, con un ritmo armonioso.
Es en la redención final donde sobreviene el desconcierto. Si Malick nos guía en la experiencia durante todo el metraje, en los minutos finales nos abre las puertas y ventanas de par en par y nos tiende un puente a nuestros pies a modo de invitación, para que seamos nosotros los que decidimos si lo cruzamos o no.
Algunos lo acusan de pedante, de ambicioso o de pelmazo, pero yo prefiero pensar que hay algunos seres (no muchos) que por fortuna han venido a este mundo no sólo a habitarlo, sino también a explicárnoslo y a guiarnos por él. Unos se convierten en arqueólogos, biólogos, químicos, médicos o intérpretes de lenguajes minoritarios. Otros lo hacen con un bolígrafo, máquina de escribir u ordenador, de entre todos ellos hay uno que es muy especial, se llama Terrence Malick y en ocasiones se convierte en director de cine.
Un abrazo.
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viernes, 16 de septiembre de 2011
Desconozco si lo que pretende el director manchego es crear una obra de culto, de las que se aprecian con los años, lo que tengo algo más claro es lo fuera de la realidad que se encuentran él, y todo su séquito de pelotas académicos que le acompañan.
Y es que todo es un sinsentido esperpéntico en su último trabajo. Cuesta imaginar que sea el mismo director de "Volver" o "Hable con ella", auténticas obras cumbre en su dilatada carrera.
A unos secundarios insulsos y olvidables al minuto, se le une Banderas, que vuelve a demostrar aquí sus incapacidades interpretativas, todo lo que tiene de majo lo tiene de mal actor. Solo Elena Anaya nos mantiene despiertos durante la proyección pero sin pasarse, simplemente destaca.
Encasillaré para mi esta película en el género de comedia estrafalaria, aunque por ahí he leído que Almodóvar pretende dar miedo, es patética y una gilipollez en todo caso.
Lástima, porque este tío sabe dónde poner la cámara, crear planos primorosos no le es dificultoso, y su talento se aprecia aún en birrias como esta. Su clase escapa a toda duda.
Hasta otra.
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martes, 6 de septiembre de 2011
Antes de nada he de decir que mi crítica a esta película la escribí hace unos meses pero era tan demoledora que decidí no publicarla hasta pensármelo dos veces. Hoy, no voy a ser tan duro como entonces (aunque no lo parezca).
Éxito en Sitges y Toronto,esta película podría haber sido algo decente en manos de un director que afrontase el reto de otra forma. A algunos críticos les recuerda a M. Night Shyamalan, ni mucho menos señores, aún sin ser yo un admirador del director de origen indio, no le niego ciertas virtudes y de haber cogido esta historia tampoco habría hecho una gran película pero nos hubiese dejado para el recuerdo alguna escena inolvidable… o un tráiler cojonudo.
Como atenuante diremos que la película fue rodada casi sin medios, viajando con el mínimo equipo necesario y usando como actores de reparto a las gentes de los pueblos por los que se movían.
La historia es, se encuentra vida allá por el sistema solar y se envía una sonda a recoger muestras. La sonda se estrella en México y el país se infecta de bichejos malotes por lo que se decreta un zona de cuarentena. En esa zona trabaja un reportero gráfico que recibe la orden de sacar de la zona de cuarentena a la hija del dueño de la agencia donde trabaja.
A partir de ahí tenemos a dos personas intentando atravesar una basta zona llena de extraterrestres, lo que podía haber desembocado en una aventura de acción o una historia de romance. Poco de lo uno y poco de lo otro. No hay profundidad de los personajes, no basta con que nos cuenten su historia personal con cara de pena.
Mejor habría hecho su director en seguir el consejo de J.J. Abrams, ese de que un monstruo no debe enseñarse al principio, sino que se debe sólo sugerir al menos durante una buena parte del metraje para mantener la expectativa del espectador ante algo desconocido. Con ese planteamiento se habría logrado algo más potable.
Aquellos que la consideran una denuncia a la condición humana, de nuestro egoísmo y nuestra tendencia a la violencia se contentan con poca cosa.
Sus poco más de 90 minutos se me hicieron largos.
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Se agradece a "Super 8" la intención y el cariño que desprende para con la generación de los 70, su deseo de volver a meternos en un cine, para quitarnos unos 20 o 25 años de encima, y de que salgamos entre risueños y emocionados, olvidándonos durante 1 hora y media de nuestros complejos presentes, tal y como lo hicimos después de haber presenciado esos clásicos de Spielberg o Lucas.
El tono de imagen, ese tan característico negro azulado está presente durante casi todo el metraje de este pasajero divertimento, es resultón, me vienen a la cabeza" E.T"," Aliens el regreso" o "Encuentros en la tercera fase". Pero se queda en eso, un divertimento o mejor dicho un pasatiempo o jugarreta de dos señores con un talento descomunal para hacer soñar a generaciones enteras (sobre todo uno de ellos).
Tiene "Super 8" cierto encanto, le falta la inocencia de sus homenajeadas, por momentos me resulta fría, no me meto en la piel de ninguno de esos jóvenes (y no es cuestión de mi edad, lo prometo). Sales con la sensación de que podía haber sido grande, y de que no se instalará en el recuerdo de ningún treintañero pasado poco tiempo.
A pesar de no colmar posee un par de escenas memorables, que ponen de manifiesto la verdadera talla de Abrams, todo una pleitesía al cine, ese tan sutil y hermoso con el que apenas nos topamos unas pocas veces en la vida (a la primera escena de la joven protagonista delante de sus jóvenes directores me refiero).
Demasiado poco para tanto talento presupuesto, con escena final metida a calzador. Tal vez un trazado más profundo de los jovencitos, y del modo en que se relacionan entre si, en una edad en que las cosas empiezan a importar, le hubieran dado mas empaque, same same "Cuenta conmigo" (1986) pasable, se deja ver.
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